Pues en esas que nos plantamos en pleno Chamberí en busca de un bar cuyas bravas nos habían recomendado y que gozan de mucha fama en la zona. Nos encontramos con el típico bar con barra de chapa y con una máquina tragaperras como principal elemento decorativo. En principio, el ambiente propicio para encontrar unas buenas bravas.
Después de un apoteósico aperitivo a base de rica mortadela de aceitunas y unas cañas Amstel, llegó el momento de la ración. Como véis, nos pusieron un plato de los de la abuela no muy grande pero sin escatimar en salsa. El precio, razonable: 4€.
A primera vista tenían una pinta buenísima. Una salsa de color claro, ciertamente casera, y patatas a gajos. Nada podía salir mal...hasta que las probamos. La salsa, si bien muy picante, nos resultó muy insípida. La textura era suave aunque a nuestro gusto le faltaba personalidad. Pero lo que nos mató fueron esas patatas zapateras que parecían llevar fritas desde la Reconquista.
Si a esto le unimos que el trato fue regulero y que nos escamotearon la tapa de la segunda caña, no tenemos más remedio que catearles:
- SALSA: 5,5
- PATATAS: 2
- CANTIDAD/PRECIO: 8
- OTROS: 3
TOTAL: 4'8
En fin, albergábamos tantas expectativas de este sitio que la decepción fue grande.
