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lunes, 18 de noviembre de 2013

DOCAMAR

Docamar, calle Alcala 337 Madrid - Patatas bravas Calle Alcalá, 337


Por fin llegó el día...Y es que no se puede hablar de bravas sin nombrar al Docamar. Aquí fue dónde comenzó nuestra gran afición a este manjar, cuando nos llevaban nuestros padres siendo niños. ¡Cómo olvidar esas botellas de DYC rellenas de riquísima salsa brava! Sin duda las bravas del Docamar es uno de los sabores de nuestra infancia, sólo equiparable a los míticos bocatas de calamares de la Plaza Mayor o las napolitanas de crema de la Mallorquina en la Puerta del Sol.

Situado en una esquinita de la Plaza de Quintana, lleva 50 años elaborando las que para muchos son LAS MEJORES PATATAS BRAVAS DE MADRID y por tanto del mundo. Varios premios así lo atestiguan. Este plato es su gran especialidad y no es para menos, ya que sirven más de dos mil kilos de papas a la semana. Nosotros nos habremos comido el doble...

Llegamos y, como de costumbre, en su larga barra no había hueco ni para un palillo. Lo primero unas cañas Estrella Damm acompañadas de la codiciada especialidad de la casa, que solo sirve para dejarte con ganas de más. Ojo, a la segunda ronda no fallan las aceitunas, eso sí, de Campo Real. A continuación pedimos la ración, que tiene un precio de 3.50€ aunque no es demasiado grande.

La salsa es líquida y de color anaranjado, con un sabor inigualable y genuino. Se nota el toque de pimentón y un regusto picante, el resto es un misterio. Lo mejor es probarla, no os decepcionará. Y si rica esta la salsa...¡¡qué decir de las patatas!! Cortadas en trozos grandes e irregulares, su textura es perfecta. Se fríen a fuego lento para que queden tiernas pero ligeramente doradas. Y una vez fuera, toque de sal. En fin, salsa y patatas se combinan creando un placer de dioses.

SALSA: 10 
PATATAS: 10 
CANTIDAD/PRECIO: 7 
OTROS: 8 

TOTAL: 9'5 

Si no las habéis probado ya estáis tardando. Es el lugar de peregrinaje obligado para todo bravero.

Como os imaginareis, este es nuestro lugar predilecto para bravear. Aunque hemos de reconocer que, en esta ocasión, no somos del todo objetivos, pues llevamos comiendo estas bravas toda la vida. Ya se sabe, el hombre es un animal de costumbres.